Vivimos el probable comienzo de la tercera guerra mundial. Y espanta. Las guerras devoran a los inocentes mientras los que las digitan están refugiados cómodamente. Ya nadie se conmueve por la hambruna, los heridos, la infinidad de muertos. Pero si están muy preocupados por la caída de la Bolsa y el precio del petróleo. Gente de mierda.
Y bueno, de lo que sea, siento que es mi tiempo final. Y estoy en paz con eso. Preparo cuidadosamente mi final para no cargarle eso a nadie. Y pretendo ,si Dios quiere, irme sin hacer ruido.
Viví como cien vidas. Viví de todo. Desde la mayor de las humillaciones hasta la más grande de las felicidades.
Ya quemé los nefastos documentos donde aquellos que debían haberme querido se repartieron mi herencia sin contemplación alguna, obligándome a una miseria injusta.
No puedo amigarme con eso. Perdono, pero cuánto dolor me trajo . Me quitó el tiempo que podría haber disfrutado con mis hijos por tener que trabajar tanto. Y tener que aprender a disimular el hambre y las carencias haciendo magia en la cocina y en la máquina de coser. Y puedo considerar que gané porque ellos no se dieron cuenta. Ni crearon rencor hacia nadie.
Pero no se olvida tan fácil. El perdón es un largo proceso y pretendo darlo por terminado mientras estoy por aquí.
Les dejo a mis hijos lo mismo que recibí. No se bien como ocurrió pero así pasó. Con la última voluntad de que cuiden a su padre.
Reconocemos que nos encontramos dos personas muy rotas, muy maltratadas, y que tal vez, sin querer, les hicimos daño. Perdón por eso.
Que la vida les regale y les devuelva lo que a mi me quedó debiendo. Así voy a estar en paz.
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