domingo, 12 de mayo de 2019

Los juegos del hambre


 En algunas etapas de mi vida tuve la certeza de que alguna mano oscura hubiera sacado mi nombre en el sorteo, esta es una de esas. Escribir sana, sacar afuera la oscuridad apaga los recuerdos.
A los 11 años  tuve que irme a seguir el secundario a Saenz Peña ,a la casa de mis tíos. Despedirme de mi mamá ,de mis animales, de mi casa, de la seguridad aparente del entorno conocido.
Viajar sola en el colectivo, que me llevaba desde Villa Ángela.
Puedo todavía sentir la impotencia de esas lágrimas que no podía controlar , que trataba de disimular escondiéndome detrás de algún libro,esa sensación que todavía me revuelve las tripas. En esos pocos viajes en que pude volver conocí a un muchacho ,que de verdad ,se llamaba Ángel.  Era de contextura muy pequeña, casi enano. Fue el único que se me acercó y me ayudaba a dejar de llorar . Trabajaba en Saenz Peña y viajaba en ese mismo horario. Después de esta historia no volví a saber de él.
Al llegar a la ciudad caminar eternas cuadras hasta la casa de mis tíos,  en la oscuridad , en la lluvia o el frío. (Mis viejos fantasmas me seguían, burlándose de mis miedos)
En la casa de mis tíos había comida. Era lo único bueno. Y yo vivía con hambre . Vaya a saber si era solo psicológico, o tenía una tenia solitaria , o tenía hambre de verdad . No sé. En ese tiempo tenía dos primitos y dormía en su habitación. Mi prima bebé se despertaba y lloraba por las noches y yo tenía que cuidarla . A veces trataba de ignorar sus gritos y seguir durmiendo, pero no , Cristi también tenía hambre . Y los alemanes consideraban que los bebés debían dormir en su habitación y despertar a la mañana siguiente como manda la ley.
Mi tía cocinaba muy rico, pero justo. No se desperdiciaba nada. Un plato para cada uno . Encima conmigo de invitada no deseada, el amarrete de mi tío no perdía oportunidad para hacérmelo saber , preferentemente en la mesa.
Como todos dormían la siesta yo aprovechaba para leer todos los libros de su biblioteca y robar toda la comida que pudiera sin que me descubran .
El tío compraba las manzanas por cajón, en algún mercado donde salía más barato. Pero obvio, yo comía sus manzanas a la siesta y el cajón se vaciaba más rápido de lo previsto.
Hasta que me descubrieron . Me delataron los palitos de las frutas que yo, tan mala ladrona, tiraba detrás del sofá.
Mi mamá casi no vino a verme durante ese año, porque había inundaciones.  Tampoco podía pagarles lo que yo comía de más.  Así que le escribieron una carta diciéndole que ya no podían tenerme en su casa.  Todavía recuerdo las lágrimas de mi mamá y la carta en sus manos. Le pregunté si lloraba por mi culpa y me respondió: más o menos .
Lo que no contaron era que yo era la niñera de sus hijos, que limpiaba la casa y lavaba la ropa para ayudar a mi tía que no estaba bien, y como cualquier madre de dos pequeños, no podía con todo .
También se olvidaron de mencionar que al tío le gustaba acosarme y tocarme ,y que compraba mi silencio con una revista Anteojito cada tanto. Que tenía que leer en su regazo. Acción que a los ojos de los demás lo convertía en bueno.
No me violó porque si lo hacía quizás tendría que haberme matado. Un tipo de casi 2 metros de altura contra una criatura mal crecida ( por el accidente que había tenido a los 9). En mi memoria que solo aparece en alguna pesadilla, todavía vive el escalofriante recuerdo de ir sola con el en su Falcon, donde me llevaba abrazada cual novia feliz, y en un momento parar al costado de la ruta con sucias intenciones. Solo Dios sabe lo que pasó para que no hiciera lo que sus instintos le dictaban al oído. Esa noche me salvé.
Siguió por muchos años con el acoso. Eso era moneda corriente,  y yo sabía que nadie iba a creerme así que no me gastaba explicándolo. Igual ya había decepcionado a mi mamá por comer sus manzanas . Cuanto más dolor podía causarle .
Así fue que fui a estudiar a Villa Ángela. Internada en el Colegio Misericordia y yendo al Colegio Nacional ,porque el internado no tenía secundario .
Ahí el hambre era mucho más apremiante . La comida era asquerosa. Más de una vez habia gusanos blancos flotando en la sopa. La monja a la que le reclamé me dijo: son animalitos de Dios . Ahí aprendí a robar también. Escurriéndome a una de sus habitaciones que llevaba al kiosco de la escuela. Como una gata silenciosa . No demasiado para no levantar sospechas . Pero suficiente para calmar el hambre .
Junto a la especialización en el arte de la ratería vinieron las mentiras. Cada vez que podía ir a mi casa inventaba largas historias sobre lo bien que me iba en el Colegio, cuánto me querían, las muchas amistades que había cosechado, lo exitosa que era. Todo falso. Un mundo maravilloso para mi mamá que deseaba tanto que yo fuera así. 
Encontré la forma de escapar del internado y cruzar la ciudad y hacer dedo para irme a mi casa. Miro hacia atrás y me imagino a mi misma parada insistiendo que me llevara alguien, cualquiera. Me dejaban sobre la ruta y caminaba los 5 km, para llegar a mi casa. La mayor parte de las veces que lo hice era de noche. Ahí también me salvé. Al día siguiente mi tío volvía a llevarme y volvía a ese universo paralelo donde era feliz, no pasaba ninguna necesidad , tenía amigos.
Intenté hacer amigos. Tuve algunos , a algunos los padres no los dejaban juntarse conmigo.(Que frase). Las madres de Silvana y María Eugenia se daban cuenta de mi procesión y me convidaban comida y amor. El recuerdo de su ternura me enseñó a repetir eso con muchos después.
El hambre juega con uno. El hambre que es una expresión de todas las carencias de una persona. El hambre lleva a todas las miserias. Por lo menos a las mías. Mentí tanto para conseguir aceptación, compasión, algunos pesos. Mamá me daba los domingos algunas cosas que se producían en el campo para que las vendiera y consiguiera unos pocos pesos para la semana. La mamá de Claudia siempre me compraba todo, regateando el precio como buena judía que era. Algunas veces me cambiaba por algunas ropas que su hija ya no usaba.
La pobreza ,la miseria espiritual, la marginación (porque no encajaba en el colegio de los ricos), le van sacando partes al alma de uno, que a lo largo de la vida se van volviendo a llenar.
Como deseaba tener unos zapatos lindos, algunas ropas bonitas, como las de mis compañeras. Como sufría cuando no estaba invitada a los cumpleaños de 15. Solo 2 de mis compañeras me invitaron y así conocí lo que nunca iba  a tener. 
A veces iba a alguna tienda a probarme vestidos. Para conocer la sensación .Para soñar con ese olor a nuevo ,para no sentirme tan fuera del molde.
Cuando mamá se dio cuenta que no me desarrollaba, cerca de los 15, y ya en cuarto año (seguí adelantada en dos años a los demás por la jugarreta de la maestra que me creyó superdotada a los 6 ), me llevó al médico del pueblo y me dio  una buena dosis de hormonas que me hicieron crecer en todas las direcciones. Así me convertí en la vikinga grandota que llevo arrastrando. Eso hizo que me hicieran la vida perra mis compañeros, que hasta ahora lo recuerdan con muchas risas. Me manosearon los hombres por la calle, me toquetearon parientes , amigos, peones, conocidos. Para todos era tan fácil refregarse o agarrarme la parte del cuerpo que más sobresalía.
Yo seguía hambreada , tratando de encajar donde no encajaba. Avergonzada de mi aspecto, enemistada con mi cuerpo. Sin encontrar mi lugar.
Por eso le pedía tanto a mis hijos que no mientan ni roben. Yo me había jurado que haría cuanto pudiera para que nunca sufran hambre, para que tuvieran siempre algo que masticar, ellos y todas las Helgas que traían a casa.
Y agradezco a la vida la revancha. Porque ya hay nuevos retoños a los que nunca les va a tocar en suerte que saquen su nombre de la bolsa.

lunes, 8 de enero de 2018

Ma chambre francaise

Esta era mi familia un año exacto antes de mi nacimiento. Abuela Celine, abuelo George, papá Kjell, tía Betty y hermanito Geo.
Esta historia se desencadena al inicio del 1962 con la trágica muerte de mi papá. Le siguen mi abuelo  mi hermanito y mi abuela. Mi tía vivía fuera del país.
Hace unos días hice desenterrar sus restos, para convertirlos en cenizas , reunirlos a todos y depositarlas en un lugar sagrado.
Y de todas los dolores vividos por su pérdida temprana y mi soledad , este es un dolor que me atenaza el pecho y necesita convertirse en palabras para salir de una vez.
Cuentan que nací apretando las mandíbulas ,lo que le hacía sangrar los pechos a mi pobre madre que apenas lograba amamantar .
Por supuesto que crecí ignorando la sórdida historia. 55 años después encontré todas las explicaciones. Mis dos familias se habían peleado . Peleado como ocurre en los novelones más oscuros.
Porque mi papá había muerto en un accidente provocado por el hermano de mi mamá. Y se lo trajeron a mi abuela entrada la noche y se lo dejaron a ella, que lo veló sola a la luz de las velas que encontró en la casa. Porque no quisieron acompañarla en las oraciones y rituales y tuvieron el descaro de culparlo de su propia muerte. Tengo las cartas de mis dos abuelos contando la historia. Si algo se le puede agregar al dolor de la muerte de un hijo a los 29 años es la falta de compasión, la incomprensión , la frialdad . Mis abuelos no  culparon a mi tío por el accidente, si cuentan sobre la imprudencia, la velocidad, la falta de experiencia. Pero no lo culpan. Aunque estuvo preso por el hecho de haber sido menor de edad en ese momento.
Mi abuelo murió de pena a los pocos meses. A los 64 años.
Y mi hermanito ,que había nacido con una enfermedad cardíaca, murió a los 6 años de edad , cuando yo tenía 3.
Un tiempo antes de su muerte el abuelo George llevó a mi otro abuelo a dar un paseo por el campo y le pidió que respetaran su decisión de nunca sacarnos de la casa que mi papá había construido con sus propias manos, con un huerto de frutas y árboles geométricamente dispuestos para dar sombra a todas horas del día y proteger de los vientos. Ya intuía lo que se avecinaba.
Porque a poco de morir , y ante la inquietud de mi abuela de irse de ese lugar, se repartieron las tierras entre la legalidad y la trampa.
A los años mi tío, el mismo que causara el accidente fatal de mi padre, con varias complicidades familiares , se quedó con nuestra casa, nuestra tierra y todas nuestras posesiones.
Y hoy, ante la vista de sus huesos , me sale una rabia vieja , ancestral, una herida tan profunda que no sé si pueda describirla.
Sólo les faltó arrancarme el alma. Nos despojaron de todo, mucho más allá de lo material.
No pudieron respetar la palabra empeñada. Nos echaron . Nos robaron hasta lo último.
Y ahora, antes de dar finalmente sepultura a toda la familia que dejó Noruega para quedarse aquí, quiero que me respondan: dónde está su sombrero blanco, su tractor, su escopeta, sus discos de vinilo, sus libros . Qué hicieron con sus aparatos de diseño, sus herramientas, su camión.
Con qué artilugio legal le robaron sus vacas y sus caballos, sus acciones de la Cooperativa, los terrenos que figuran en la sucesión.
Que les van a decir a sus hijos cuando tengan que explicar el origen de su herencia...
Me duelen mis muertos. Me duele lo que perdí sin haberlo tenido nunca.
Pero me queda lo mejor. No nos extinguimos. Mis hijos siguen teniendo hijos y todavía se puede adivinar sus rasgos hermosos ,los cabellos rubios como el trigo ,los huesos fuertes y cada tanto alguno viene con sus ojos verdeazulados . Y la inteligencia y la capacidad de superar los eventos de la vida sin necesidad de pisotear a otros.
Los desenterraron bajo una tormenta. Quizás los viejos dioses del norte se dolieron también.
Aquí descansaremos en paz. Nada hay para nosotros en la tierra que dejamos atrás.
Y habrá justicia para todos. Volvimos a tener la casa que diseñó mi padre con calidad de arquitecto, con las galerías amplias que hacen circular los vientos.
La heredarán mis hijos y mis nietos. Y no se los olvidará.
La historia se titula "mi cuarto francés" porque esa era la excusa de considerarme indigna de recibir la herencia familiar. Y eso me va a llevar otro montón de años comprender, ah, porque la abuela Celine era francesa. De ahí el cuarto.
Las cosas que pasan. Las personas que matan de muchas maneras aunque no puedan matar del todo. Y los que tenemos que perdonar. Y salir de las batallas con la frente en alto aunque hayamos sido derrotados.
No logré escribir todo, seguramente lo borre y corrija varias veces.
De todos modos solo lo van a leer mis hijos. Los amo.





martes, 3 de octubre de 2017

Energía y muerte

Hace días leo sobre la destrucción del ambiente por manos de los hombres.
Todo lo que puede ocurrir con una decisión y unas firmas sobre un papel.
Y descubrí tanta hipocresía, tantos posibles intereses , tanta codicia.
Tanto tanto que me dio miedo. Miedo de los hombres . Miedo de lo que van a hacer y no les interesa .
Y si no advertimos, si no hablamos, si nadie exige explicación,  todos seremos cómplices de la destrucción de una parte del planeta que no nos pertenece  .
Un montón de cemento nunca hará un árbol, un pájaro, un reptil. Muchos hierros y torres elevadas no podrán hacer un río majestuoso,  envidia del resto del mundo.
Nada volverá a la vida al ser que se mate, del reino que sea. Por culpa de todos .
Porque un minúsculo grupo decidirá que destruir , que matar, a quien desterrar . Por decreto , porque nadie lo va a poder evitar.
Como en los Simpson . El ambicioso Sr.  Burns y su codicia sin límites.
Y a nosotros que nos va a encantar que nos arreglen a su gusto nuestro centenario pueblo y ni vamos a pensar en quienes todavía andan errantes por el destierro de aguas arriba.
Hasta el Papa lo grita . Cuidemos la casa común !
Pero que importa si el "progreso" nos cuesta el caro precio de no volver a pescar , de nunca poder volver a disfrutar de las islas . Que importan las canoas que se van a podrir en la orilla , los sábalos enloquecidos buscando ir contra la corriente para desovar,  el agua embalsada que va a tapar toda la maravilla verde hasta descomponerla en gases venenosos.
Nunca se le puede llamar progreso a algo que signifique el sacrificio de algo tan valioso como el recurso no renovable del agua dulce. Jamás será progreso lo que signifique la muerte de especies .
Quizás yo no esté para ver crecer el muro que corte el amanecer perfecto sobre el río. Tal vez yo ya no vea el desastre. Pero soy igualmente responsable. Por cada molécula de aire contaminado . Por cada gota de agua envenenada. Por cada planta y cada animal que los que vengan después sólo van a ver con permiso .
Y cuanto más lo pienso más miedo me dan. Estos hombres que dicen sólo lo que conviene cuando hay otros hombres que gritan la verdad pero no son escuchados.
Amo el despertar con el canto de los pájaros,  esta paz infinita, este aire cargado de oxígeno limpio y el agua que corre siempre llena de vida.
Ojalá escuchen a alguien. Alguien que tenga más voz, alguien que no tenga miedo.
Ojalá no tengamos que mostrarles fotos a nuestros nietos de estos lugares privilegiados y confesarles que eran una maravilla pero que los rompimos.
Tal vez ya me calle hasta que escuche la primera explosión.  Hasta que el río se llene de peces muertos . Y entonces de que va a servir que me queje?
Cuando los guardias armados hasta los dientes no le permitan pasar a los pescadores . A quien nos vamos a quejar?
Pero así somos los hombres. Nuestra ignorancia hará que nos maten finalmente.

martes, 19 de septiembre de 2017

35

Hoy hacen 35 años que compartimos la vida.
Si lo pensamos : ni por un segundo.
Si planeamos algo, menos.
Un día nos conocimos y al siguiente nos fuimos a vivir juntos. Que locura.
Algunos nos aceptaron y muchos nos despreciaron. Nos echaron a la calle, me desheredaron, mi "familia " no me habló durante un año y después tampoco, sólo mi madre cuando se le pasó el enojo.
Me dejaron sin trabajo, me mandaban a los grados que nadie quería.La directora me dirigió un discurso cargado de decepción y de religiosidad profanada.
Era de película la actitud de los miembros de la iglesia cuando entrábamos y todos se daban vuelta y nuestro párroco ,en mal castellano, hablaba de los graves pecados de los hombres comenzando SIEMPRE por el concubinato.
No sé como sobrevivimos esos primeros años sin casa, con trabajo precario, tragando la hiel de los parias cuando nos negaban un balde de agua, un poco de pan, lo que fuera.
La risa del intendente cuando fuimos a querer anotarnos para una vivienda. Ustedes?
La humillación de que nos llevaran solo en la parte de atrás de las camionetas.
Las miradas de los colegas que se podían comprar buena ropa para los actos y yo sólo podía lustrar un poco más los zapatos de todos los días. Esas miradas y esos grupitos que miran . Ufff.
Pero no todo era malo. Aprendimos muchísimo. Recordamos con tanto amor a cada persona que nos dio una mano.Que fueron nuestros amigos. Que nos prestaron sus cosas , sus libros , su ropa, la ropita para nuestros bebés. Eso se atesora.
Y aprendimos sobre todo que el amor es perdón. Cada día y a cada segundo. Perdón y a otra cosa.
Que de los abismos se sale sólo después de haber tocado fondo. Y que las heridas se sanan con el tiempo porque sí. Porque cuando hay perdón se puede mirar al pasado sin llorar, se puede observar todo con sabiduría y perdonar y perdonarse y rescatar lo bueno, lo que valió la pena, los buenos momentos, las batallas ganadas, los obstáculos superados.
El padre Fernando nos dió la mano, como Jesús a Pedro, a dos náufragos. Y se sentó a nuestra mesa y nos dio un lugar. Y ahí vimos a la Iglesia como madre . Y aprendimos a convivir con los demás a pesar de las puertas que todavía se clausuraban, como la de los retiros de matrimonios que eran solo para parejas "bien constituídas".
Nos casamos ante Dios hace casi 22 años. Pero los 35 están. Y aquí se celebran todos aunque sean fuera de la Iglesia y de la Ley. Porque el amor se lucha ,se pelea día a día y todos valen.
El amor este no concibe la vida sin el otro. A pesar de todos los obstáculos. No comprende otra manera de vivir que no sea de la mano del otro. Envejecer con el otro, enfermarse con el otro, morir con el otro. Para nosotros no existe otra manera.
Por eso Felices 35 Cacho!!!. Te amo mucho más allá de nuestras debilidades. Mucho más allá de las veces que quisiera pegarte :). Vos me conocés y yo te conozco.
Hasta que la muerte nos separe amor. Y si no es muy pronto ,mejor .


jueves, 8 de junio de 2017

En emergencia

Cuando Elina se levantó ayer muy de madrugada a hacer la fila  inclemente del Anses nunca se imaginó lo que le esperaba.
Hacía muchísimo frío. Se abrigó bien y tomó coraje. Era un trámite que sólo ella podía hacer .
Subió al colectivo y se bajó donde le habían indicado. Como ella es nueva en la ciudad todavía no se ubica bien .
Y se paró en la fila en silencio . Nunca supo como apareció el dolor . Como una cuchillada que le partía la espalda . Tan feroz que la tiró al suelo. 
Sus compañeros de fila quedaron mirándola. Quizás pensaron que ella pretendía ganarles el lugar con sus gritos . Después de un rato de ignorarla una señora le dijo que ahí cerca había un hospital donde la ayudarían. No sabe cómo hizo para subir al colectivo y bajar en la puerta del hospital.
Quizás Elina también vio alguna vez esas series extranjeras donde se llega a una sala de emergencias y todos salen corriendo a buscar al enfermo, y la preocupación de los profesionales cuando a una persona le duele mucho un lugar determinado del cuerpo. Quien sabe.
El dolor ya no la dejaba ni pensar. Y el miedo y la soledad .
Casi se arrastró siguiendo las instrucciones hasta la sala de emergencias y no pudo seguir. Le faltaban dos escalones y cinco pasos pero no podía avanzar.
Lloró y gritó agarrada a la puerta durante , escuchen : una hora y media . Una hora y media de gente que pasaba , personal del hospital, enfermos, curiosos , humanos . Humanos ?
Ahí la conocí. Torcida de dolor . Impotente. Sola.
Entré con ella . Pregunté varias veces por ayuda . Me encontré varias veces con la misma respuesta indiferente. Ella nunca hubiera hablado porque ya no podía hacerlo.
Las otras mujeres que esperaban con la misma necesidad de atención nos insistieron en que cruzáramos la puerta a exigir ayuda.
- Hágala entrar ahí,  enseguida la van a atender.
Sus gritos desesperados se escuchaban desde afuera . Elina era un manojo de dolor . Se sacaba la ropa que la molestaba porque sentía que se quemaba. Trataba de vomitar . No sabía en que posición ponerse . Iba adoptando la posición fetal en que todo humano se vuelve pequeño en la seguridad del vientre.
Por fin vino una enfermera.  Le hizo unas preguntas bruscas como si estaba embarazada y eso . Le tomó la presión y la fiebre e hizo un gracioso gesto de festejo porque no había más temperatura de la normal. Quien sabe que festejaba . Quizás que tendría menos trabajo.
Después vino el facultativo. Que ni saluda en su difícil tarea de atender seres molestos y doloridos. Le preguntó donde le dolía y le aplicó dos certeros golpes que la hicieron rugir de dolor . Mandó una ecografía y un calmante.
Cuando el calmante hizo un poco de efecto nos presentamos y conocimos. Compartimos historias de lo extraño que se está poniendo el mundo . De lo increíble que es encontrarse en medio de tanta indiferencia.
La dejé con su tía. Pero seguimos hablando vía whatsapp. 
Nos quedamos pensando en que está pasándonos . En que a nadie le interesa el hermano caído ni aunque esté gritando de dolor. En que momento cruel nos comenzamos a preocupar más por un lugar en una fila o un turno que por ayudar al que está sufriendo .
Y en por qué hay cosas que sólo vemos por la vidriera: la atención médica urgente , la calidad humana , el cuidado .
Elina todavía tiene miedo de morir. Aún no encuentra un lugar donde no hagan falta tantas explicaciones y sólo le ayuden .Donde le toque un turno de los 5 que dan a los primeros que llegan a la noche anterior y esperan . Porque sufre. Porque no tiene obra social. Porque quiere vivir sin que la maltraten ni la estafen.
Todos somos responsables de esta realidad.  Los que pasamos de largo, los que no nos queremos involucrar , los cómodos. 
No parece que hayamos evolucionado en 2000 años . Para nada . Al contrario. Cabizbajos adorando un aparato que llegado el caso no nos  trae a nadie que nos ayude.
Lo mismo que los personajes bíblicos, los fariseos de la actualidad pasamos de largo, no cuidamos, no damos agua , no ofrecemos un manto , no lavamos los pies a nadie.

domingo, 21 de mayo de 2017

Eugénie .Hay cosas que nunca se dicen.

Sólo la vi una vez en mi vida . Ella  caía suavecito en picada desde su nido en mi vientre. Eugénie se cayó. Eso pasó.
Esa mañana habíamos ido a trabajar a la escuela  como siempre. Ella ya se movía un poquito.
Los niños eran pequeños en ese entonces . Entre 5 y 6 años . Esa bandada bulliciosa de primero . Y era un día normal para todos , excepto para Juancito  (Por supuesto que ese no es su nombre ). Estaba muy alterado, no quería quedarse y su mamá ya se había ido . Y pensó que podía escaparse por la ventana . Se aferró con todas sus fuerzas y la trataba de romper a las patadas. Ya podía imaginar el final con el desastre de vidrios y llantos.
Ni lo pensé,  corrí y lo agarré, no podía despegarlo . Y no pensé más que en mi deber. Y casi no sentí las patadas en mi vientre. Cuando logré bajarlo y calmarlo me di cuenta. Tenía un montón de golpes . Pero seguí dando clase hasta la hora de salida . Volvimos a casa y al rato empezó el dolor . Y la sangre .
Fueron muchos golpes para Eugénie.
Y partimos volando al sanatorio . A mil. Y nada pudimos hacer.
La vi a través de la ecografía. Como en una pesadilla . Mi pequeña. Mi niña .
Después la operación y el adiós.
Nunca había visto tanta sangre . A chorros . Al son de los latidos de mi corazón.
Y me fui un rato con ella. A ese lugar de luz donde no había dolor . Sólo paz. Una inmensa paz . Y escuchaba muy a lo lejos algunas voces que me decían que vuelva, que tenía otros dos hijitos y un esposo que me querían. Y algunas cachetadas y más charla . Pero no quería volver . La verdad que no.
La noche más larga de mi vida fue esa noche en la sala de terapia.
No recuerdo haber vuelto a llorar tantas horas seguidas sin tener con que para limpiarme el mar de lágrimas que empaparon la almohada y las sábanas.
Tenía un reloj enfrente , podía ver como se movía tan lento . Toda la noche .
Al amanecer se dieron cuenta que yo no podía volver . Y lo llamaron a mi compañero. El me habló durante horas y me decía que todo iba a estar bien, y me contaba cosas de los chicos ,que la pequeña Ceci había ido al jardín y Martín a la escuela. Que la abuela los cuidaba pero que querían ver a mamá. Y todo lo que íbamos a hacer si yo volvía.
Al tercer día traté de levantarme y me fui de cabeza . Me faltaba la sangre . Y me faltaba Eugénie.
Y que iba a hacer con los pechos llenos de leche . Y con este dolor .
Como iba a volver al grado sin rencores.  Porque el pequeño asesino era muy pequeño y nunca jamás debía saber lo que hizo.
Y nunca lo supo nadie más que nosotros , los padres que despedimos a Eugénie aferrándonos a lo que nos daba fuerzas para seguir .
Alguien hizo desaparecer sus cositas. Para que no duela tanto.
Alguien respondió las preguntas de los hermanitos que la esperaban .
Alguien vino a llorar conmigo y que le cuente la historia hasta que salga y se convierta en historia .
Todavía sigo a la niña de una compañera que tenía la misma edad.
Adiós Eugénie .
La vida me devolvió todo. Estamos en paz . El dolor se convierte en recuerdo y perdón. La vida sigue .
Sólo a veces me imagino sus ojos y su risa.  Ahora tendrías 25 años .

martes, 15 de noviembre de 2016

Tiembla Esopo

Esta es una historia absolutamente real, pero no es de humanos. 
Mulata vive hace dos años en este hogar (de raza perro, marca calle ), Apo mas o menos hace uno y medio (de raza sapo, común ,marca sapo nomás).
Y de las amistades que existen, de las mas raras e inexplicables, surgió la suya. Apo tendría unos 5 cm. de largo cuando Mulata lo encontró entre unas piedras. Le faltaba una patita delantera. Desde ahí se acostumbró a ser acarreado por la Negra que lo llevaba a todos lados en la boca. 
Por supuesto que pensamos (los humanos que pensamos), que cuando Apo creciera, la amistad no iba a caber entre los dientes de la perra.
Cuando salió de su escondite invernal este año, Apo mostró un buen volumen. Ahi creímos que nuestra teoría se realizaba. Que error. Mulata se alegró de encontrar de nuevo al amigo y lo agarró de nuevo para jugar.
De día Apo duerme en una maceta . De noche sale y comienza la diversión. A veces aparece en el balde de agua de las perras, a veces lo trae a la cocina. A veces ladra y parece que le hablara. 
Como si le dijera cosas importantes. Como si tratara de razonar con él.
- Vamos a jugar más cerca de los humanos Apo. Querés?
- No , los humanos detestan a los sapos, encima me falta una patita.
- Dale , vamos. No son tan malos. Yo lo seguí en la calle a uno y me trajo a su casa, a vos también te van a querer. Por ahí te dejan vivir adentro con ellos.
- Vos estás loca Mulata. Los humanos me tienen miedo.
- Que tonto sos. Cómo te van a tener miedo a vos si sos chiquito...
- Es que los humanos le tienen miedo a todo lo que no conocen .
- No puede ser! Los humanos son bastante buenos, tenés que comprarlos moviéndoles la cola y lamiéndoles las manos.
- Ah, que chistosa. Yo no tengo cola, y ay si me acerco a lamer a alguno. Flor de patada me darían.
- Que exagerado sos amigo ! A mi hasta me dejan dormir a la siesta con ellos , tenés que poner los ojitos un poco en blanco y vas a ver.
- No Negra, conmigo no va a pasar eso. Yo ví que algunos humanos ni siquiera se tratan bien entre ellos, y eso que son todos iguales. Hasta se lastiman! Abandonan a sus bebés ! Tratan muy mal a los que nacen diferentes, como yo. 
- Ah bueno, vos pensás demasiado Apo. Tenés que aprender a convivir con ellos. Disimulá un poco. 
- Dejá nomas Mulata, me quedo lo más escondido que pueda, te espero esta noche cuando salte de la maceta y nos pongamos a cazar los bichitos de la luz.